
Amigo lector, llevo ya mucho tiempo dándole vueltas a este artículo o texto o… cosa que estoy a punto de escribir y publicar. Y es que hoy quiero escribir sobre la mirada de reojo que muchos lectores les lanzan a las sagas literarias que proliferan en la Literatura Infantil y Juvenil.
He escuchado de todo: que escribirlas debe de ser aburrido, que son fórmulas que se repiten una y otra vez, que evitan que existan obras mejores y originales… incluso que retienen a los lectores en sus propios universos, sin permitirles adentrarse en otros.
¿Sabes, lector? Fui un apasionado devorador de sagas literarias. Crecí con los tebeos de Mortadelo y Filemón, Superlópez, Zipi y Zape; viví muchas aventuras con los superhéroes de Marvel y DC; conocí muchísimo al Pequeño Nicolás y, ya en la adolescencia, aluciné con la Dragonlance, de donde, si puedo, no me gusta salir demasiado. Las sagas me convirtieron en lector, ¿por qué nos empeñamos en mirarlas con recelo?
Las series o sagas literarias consiguen algo que cualquier mediador de la lectura querría lograr: cuando el lector termina de leer un libro, inmediatamente está deseando coger el siguiente, ¿no es eso algo realmente interesante y afortunado?
El Mago de Oz, una de las primeras sagas de la LIJ

No sé si lo sabíais, pero el Mago de Oz no es un único libro, sino una serie de varios títulos que se publicaron desde 1900. Su autor, L. Frank Baum, solo pretendía escribir el libro original, ese que tantas veces hemos visto en el cine. Pero los lectores infantiles le pidieron nuevas aventuras, poder seguir adentrándose en el universo fantástico que había creado. Lo hicieron a través de miles de cartas y el estadounidense, empujado por aquellos que él llegó a denominar loving tyrants, no pudo más que continuar ampliando ese mundo maravilloso de baldosas amarillas, monos voladores y brujas que intentan acabar con la protagonista.
Y eso me hace preguntarme algo: ¿y si no fueron ni las grandes casas editoriales ni los escritores quienes idearon el éxito de las sagas literarias? ¿Y si fueron los mismos lectores los que las pidieron con todas sus fuerzas?
Es bonito saber que Oz es uno de los primeros grandes universos de la literatura infantil moderna, aunque no fue el primero en publicarse. Ese honor lo tienen, por ejemplo, títulos y series literarias que llegaron más de un siglo antes, como La historia de Sandford y Merton (1783-1789) o La historia de la familia Fairchild, que se publicó desde 1818.
Por cierto, que el mundo de Oz es extensísimo. Baum llegó a escribir 14 libros de este universo tan peculiar, el canon clásico de Oz llegó a estar formado por 40 libros porque otros autores escribieron 26 libros más ambientados en este universo hasta completarlo, ¿no es increíble?
Una manera de contar historias desde siempre
Podríamos enumerar muchísimas series o sagas literarias para volver sobre la idea de que la LIJ siempre las ha contado entre algunas de sus publicaciones más populares y recordadas, al menos para los lectores y lectoras. Seguro que recuerdas alguna buena serie que hayas leído tú, ¿verdad?
Ahí podríamos encontrar a Guillermo o a Pippi; las aventuras de Los Cinco o las que protagoniza Ana, la de Tejas Verdes. Los Mumin, Las Crónicas de Narnia, las aventuras de Celia… sería imposible enumerar en un único texto todas las grandes sagas literarias que han convertido a generaciones de personas en lectores apasionados.
En la actualidad seguimos disfrutando de Pesadillas, de Harry Potter, Percy Jackson, Greg o Policán, por poner algunos ejemplos. ¿Y en España? Venga, ¿qué sagas literarias españolas tienes ahora mismo en mente? Voy a enumerar unas cuantas actuales, a ver cuántas más recuerdas tú: tenemos Princesas Dragón, Anna Kadabra, Los Futbolísimos, Magic Animals, Unicornia, Los Once…

El regreso de El Ejército Negro
Hay sagas que regresan muchos años después. El Ejército Negro, de Santiago García-Clairac, apareció originalmente como una trilogía juvenil de fantasía publicada por SM, protagonizada por Arturo Adragón y construida alrededor de dos mundos que poco a poco terminaban acercándose.
Ahora la historia ha vuelto de la mano de Serendipias de Tinta, pero no simplemente como una reedición de aquellos tres volúmenes. La obra está siendo reorganizada en una nueva serie que contará con siete libros.
Es un ejemplo curioso de otra de las posibilidades de las sagas: los universos literarios también pueden tener una segunda vida y encontrar nuevos lectores muchos años después de su primera publicación.
Por cierto, un apunte para los críticos, expertos y lectores más canónicos: estoy mezclando saga, serie, colección… todo junto. Sé que no es exactamente lo mismo. Lo sé. Pero ya sabéis cómo soy; no me lo tengáis demasiado en cuenta.
La idea de volver a casa
Creo que este es el gran secreto de las colecciones de este tipo. Los lectores vuelven a ellas una y otra vez porque se sienten reconfortados al leerlas, porque saben qué se van a encontrar, porque quieren saber qué les pasa a sus héroes o heroínas favoritos. Están volviendo a un rincón conocido y eso es como volver a un hogar donde sabes cómo te van a tratar desde el principio.
A todos nos gusta estar en familia o con amigos. Esa seguridad es la que nos ofrecen las series. Además, saber que habrá más en el futuro ya es un puente perfecto para no dejar de leer. A veces ese puente no lleva directamente a la misma saga que acabamos de leer, sino a otra que promete vivencias similares: nuevos horizontes, nuevos universos, nuevos amigos con quienes compartir buenos y malos ratos.
Hace apenas unos meses leí Dragones de la Eternidad, el último libro de la nueva trilogía escrita por Margaret Weis y Tracy Hickman. Allí me reencontré con Caramon, con Tasslehoff, con Raistlin… volví a pisar Krynn y hasta mis papilas gustativas regresó el sabor de las patatas picantes de Otik. Sí, volví a la Dragonlance y fue, de verdad, volver a casa. Puede ser que esa misma sensación sea la que tienen los niños y las niñas al leer una y otra vez los títulos de una misma colección: están volviendo a un lugar querido, se esconden en su propia cabaña del árbol y eso es algo que no puede fabricar una estrategia comercial.
En Menudo Castillo sabemos de personajes que vuelven a pasarse por los micrófonos
Y cuando hablo de personajes hablo de protagonistas literarios, claro, pero también de sus autores, que vuelven a contarnos detalles y secretos de esos personajes que están haciendo tantos lectores. Hemos tenido por la radio a Roberto Santiago, a Pedro Mañas, a David Sierra, a Susanna Isern, a Luján Fernández, a Steve Smallman… podríamos hacer un gran listado de autores y sagas o series que se han pasado por Menudo Castillo. Y podríamos hablar de lo que han sentido los niños y niñas que estaban a su lado en ese momento.
Podría hablaros de los ojos abiertos, de los balbuceos, de las sonrisas de felicidad, de la emoción de nuestro estudio. Y es que encontrarte con los autores y personajes que quieres tanto es siempre algo impresionante y precioso.
Nos ha pasado muchas veces, pero siempre parece único y diferente. Tenemos tanta relación con las buenas sagas literarias que incluso Pedro y Luján, de la mano de SM, decidieron dedicar uno de los libros de Princesas Dragón a los niños y niñas de Menudo Castillo. Imaginad la locura que eso desató entre nuestros peques y lo que chuleamos nosotros de esta dedicatoria siempre que podemos.


Y, hablando de radio, ¿sabes que Manolito Gafotas, el personaje de Elvira Lindo, empezó siendo un personaje radiofónico antes de protagonizar su propia serie de libros?
El derecho a abandonar una serie
Sí, ya hemos dejado claro que nos gustan las series, que estamos emocionados de leerlas y de conocerlas, que nos encantan sus autoras y autores… pero también querríamos dejar, al menos, apuntado que dejarlas de lado no es una traición, a veces puede ser solo un respiro para volver con más ganas. Y que leer o escribir otras cosas por el camino es saludable y beneficioso para cualquier lector.
No pasa nada por abandonar Hogwarts por unos días o por dejar un poco olvidado el armario que lleva hasta Narnia. Puedes hacerlo, para regresar en el futuro, o para no hacerlo. Y es que eso es lo verdaderamente mágico de la LIJ: hay un mundo tan extenso que puedes encontrar rincones apetecibles y casas a las que volver a millares.
Así que, lector, no saques a nadie de sus lecturas favoritas por la fuerza, no lo menosprecies por leer solo un tipo de libros o no vivas pensando que eres mejor o peor lector que otros. Disfruta de tus lecturas, vívelas con emoción, déjate arrastrar a los universos que proponen y pásalo lo mejor posible en esos lugares imaginarios.
Hay mucho y muy bueno que buscar en el mundo de la LIJ, en Menudo Castillo lo sabemos bien, por eso te recomendamos acercarte a los rincones y hogares que más te apetezcan. Y que entres y salgas de ellos a tu antojo. Y aunque yo mismo lo he hecho en alguna ocasión (y lo volveré a hacer, porque a veces soy un poco cafre) no permitas que la opinión de otros te haga pensar que los libros que ellos leen son mejores que los que lees tú, porque, para ti, los que ya estás leyendo son maravillosos. Y son los que te apetece leer (aunque sean libros de influencers… sí, venga, aunque sean esos libros).
Disfrutar de la lectura, sea la que sea
¿Has llegado hasta el final? Tengo una pregunta que hacerte, lector: ¿en qué saga has estado pensando durante esta lectura? ¿A qué universo tienes unas ganas irrefrenables de regresar ahora mismo o cuál te gustaría pisar por primera vez?
Ojalá te hayan entrado muchas ganas de leer algo genial y después de este texto vayas corriendo a la estantería de la librería más cercana para comprarlo y devorarlo. Y el siguiente y el siguiente y el siguiente… ojalá.
No son una moda. Ya lo has leído: las series y sagas llevan varios siglos entre nosotros y sus historias nos han atrapado desde niños, ¿cómo no íbamos a quererlas apasionadamente? Espero que sigas leyendo, leas lo que leas. Y que nos lo cuentes en el Castillo, porque creo que esa es una de las grandes gracias de la literatura: el poder contarles a los demás cuánto hemos disfrutado de nuestra última lectura y con qué cariño recordamos aquella que nos atrapó sin remedio durante muchísimo tiempo.

