
El miércoles 12 de agosto nos plantamos con los micrófonos en el Parque Este de Valdebernardo, en Madrid. Nos habían invitado a participar en Las Noches de Vicálvaro: Noche de Sol, una tarde preparada para observar el eclipse y disfrutar después de la música en directo de Carlos Arriezu.
Así que allí nos fuimos.
No teníamos estudio, claro. Teníamos una pradera fantástica, un observatorio increíble, muchísimas familias, un montón de gafas homologadas y centenares de personas mirando hacia arriba. Nosotros pusimos una mesa, encendimos los micrófonos y esperamos a ver qué ocurría.
Bueno, algo habíamos preparado. Tampoco era cuestión de presentarnos allí con las manos en los bolsillos.
Llevábamos un concurso sobre eclipses, un poema de Miguel Hernández y una ficción sonora. Pero ya sabéis cómo funciona Menudo Castillo: uno puede preparar muchas cosas y después llegan los niños, empiezan a hablar y el programa decide irse por donde le apetece.
Mateo, Rubén, Sergio, Kira y Rocío comenzaron poniendo a prueba todo lo que sabían sobre los eclipses. Hablamos de la Luna, del Sol, de lunas de sangre, de animales que se despistan cuando el cielo se oscurece y de por qué jamás hay que mirar directamente al Sol sin unas gafas adecuadas.
Hubo aciertos, errores, alguna pequeña trampa y un libro para la ganadora. Todo bastante normal, ¿no?
Y mucho más, claro
Después escuchamos El sol, la rosa y el niño, de Miguel Hernández, y nos metimos de lleno en una ficción sonora que habíamos preparado para aquella tarde y de la que no os contaremos mucho, para que escuchéis el programa.
Descubrimos que un colador no es un objeto homologado para mirar al Sol, que los chistes malos no son para todos los públicos y que es posible describir un paso de baile a través de la radio.
La ficción se hizo sin que Rocío, Kira, Sergio, Rubén, Mateo y Aitana la hubiesen leído ni una sola vez, pero igualmente se lanzaron a ella sin miedo. Lo hicieron estupendamente, incluso cuando el guion, los micrófonos y la realidad parecían empeñados en ponérselo un poco más difícil.
Luego hablamos de libros. Aparecieron El principito, Cualquier noche puede salir el sol, de Alfredo Gómez Cerdá, Diario de Greg, Invisible, El regalo, El Ejército Negro, Geronimo Stilton, mangas y unas cuantas recomendaciones más.
En fin, fue una tarde muy de Menudo Castillo.
Una cosa sobre el sonido: el programa se grabó en directo, al aire libre y con las voces saliendo también por los altavoces del parque. El resultado tiene algunos ecos, cambios de volumen y momentos en los que el sonido no está todo lo limpio que me gustaría. Da rabia, porque el programa estuvo muy bien. Aun así, creo que merece la pena compartirlo. También esas pequeñas imperfecciones cuentan cómo fue aquella tarde.
Gracias al Distrito de Vicálvaro por contar con nosotros, al equipo técnico de Yeiyeba, a las familias que se acercaron y, sobre todo, a todos los niños y las niñas (y a Aitana) que se animaron a participar. Llegaron para ver un eclipse y terminaron haciendo un programa de radio, viajando hasta la Luna, recomendando libros, contando chistes y cantando a Michael Jackson.

