Visitar una librería es un buen modo emocionante de fomentar la lectura en casa

Interior de la Librería Serendipias (Tres Cantos, Madrid). Visitar librerías para fomentar la lectura.

Hay muchas y muy buenas propuestas para el fomento de la lectura. En Menudo Castillo pensamos que la mejor manera de hacer que alguien lea es conseguir que descubra lo divertido que es hacerlo y que se encuentre a sí mismo leyendo casi sin darse cuenta. Obligar nunca ha sido una opción para que alguien quiera leer. Decirle lo beneficioso que es tampoco es algo que te invite demasiado a acercarte a un libro.


La curiosidad y las ganas suelen ser mejores aliadas que las imposiciones. Si me obligas a hacer algo es fácil que consigas que cada día me apetezca un poco menos. Y la lectura necesita de personas a las que les guste leer, es más, a las que les apasione hacerlo. No hay que leer para obtener reconocimientos o gratificaciones. El mejor beneficio que puede ofrecer un buen libro es hacértelo pasar fenomenal, llevarte de viaje allí donde otros no han estado, que puedas conocer personas, personajes y formas de pensar que ni siquiera habrías imaginado.


Una idea para que la lectura entre por los ojos (y por las ganas) es visitar una librería en familia. Sí, visitar una librería es fomentar la lectura. Y lo mejor es hacerlo con libertad, sin imposiciones (más que las que ponga el librero o la librera a la hora de toquetear sus libros y estanterías). Recorre la librería poco a poco, disfrútala. Si añades un presupuesto individual aún mejor, claro. Las librerías necesitan vender libros para vivir.


Puedes proponer visitar una librería en familia. Podéis estar allí un buen rato, sin prisas. Se pueden recorrer lomos, títulos, nombres, secretos… cada miembro de la familia tiene su propio presupuesto. Y cada uno comprará el libro o los libros que estén dentro de ese presupuesto y les apetezca comprar y leer, sin restricciones. Eso dará una libertad que acercará a cada uno solo a ese ejemplar que le está llamando, a esa cubierta tan atractiva, a ese nombre que entrar por los ojos. Será un disfrute individual en la mejor compañía.

Hacerse amigo de la librera o del librero, dejarse aconsejar, buscar el libro que se ajusta a tus gustos. Siempre es bueno dejarse aconsejar por los libreros. Pero al principio hay que tirar solo de intuiciones y apetencias personales. Aunque eso nos haga equivocarnos en las elecciones. Disfrutar de visitar una librería es también familiarizarse con ella, sentirla como propia. Cuidarla todo lo posible y pensar en lo bueno que es que exista una librería cerca de donde vivo. Tenemos que disfrutar de libros. Y leerlos y comprarlos. Si disfrutamos de estos momentos estamos muy cerca de ser lectores para siempre.


Hace algunos meses Elena Martínez Blanco, la librera de la Librería Serendipias en Tres Cantos, me contaba que una profesora de lengua y literatura de un instituto de su ciudad había puesto en marcha una idea para que sus alumnos visitasen su librería. Tenían una lectura recomendada y todos habían preparado el dinero de lo que valía su ejemplar. Podrían haberlo llevado de casa ya comprado, podrían habérselo pedido a alguien, pero jugaron a algo más divertido aún. Todos juntos fueron hasta la librería para comprar el libro que iban a leer en clase.


En esa aventura se generaron dos vínculos importantes: el que cada alumno generó con ese libro en particular y el que se creó con un negocio que muchos niños y niñas desconocen casi por completo hoy en día, el de librero. Me encantó esa idea y me prometí que la pondría en marcha más tarde o más temprano. Es una idea muy buena para cualquier profesor de lengua y literatura, igual que se visitan bibliotecas desde los centros educativos, visitar una librería me parece más que beneficioso.


Otros aprovechan las diversas ferias del libro de sus municipios o ciudades para hacer lo propio. Conocer a los autores y a los libreros, acercarse aún más a los libros de un modo emocional y personal. Ahí está uno de los trucos: la emoción.

¿Conoces las librerías que hay cerca de tu casa o de tu centro educativo? ¿Las visitas? ¿Cuántas veces has ido en el último año? Si queremos que nuestros peques lean deberíamos empezar a mirar a las librerías de barrio y de pueblo como unas de nuestras mejores aliadas (mucho más, por cierto, que gigantes digitales en los que parece todo mucho más fácil y directo, pero que también son más fríos y distantes).


Visitar una librería en familia y comprar cada uno un ejemplar (o varios) que luego leamos, nos intercambiemos y nos regalen momentos en familia de calidad (aunque cada uno de nosotros estemos en un universo diferente) puede que sea un placer que haya que recuperar y recordar. Y lo que es placentero nos invita a repetir.


Para fomentar la lectura hay que conseguir que esta sea vista como un juego, como un divertimento, como algo cotidiano y feliz, placentero. Si conseguimos que esto sea así, tendremos parte del camino realizado. Y si buscamos buenas aliadas para conseguir que los libros se conviertan en uno de nuestros mejores momentos del día, las librerías, son algunas de las mejores que podríamos soñar.

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